El coleccionar...se va a acabar
Ayer fui a comprar el periódico a una tienda de esas que lo mismo venden prensa, que Matutanos, que un bote de garbanzos. Mientras esperaba para pagar,harta de ver el indescriptible vestido de boda de Raquel Mosquera con su churri de color, me dio por mirar más detenidamente y descubrí un mundo en el que antes no había reparado:las colecciones. Joder, las tenía colgadas como con pinzas de unas cuerdas (tipo tendedero) y acabé con tortícolis. Hay de objetos de cristal, de princesas Disney, De modelos de bicis (que al final pareces el padre de Torrente), de navajas de supervivencia (joder que Madrid está mal, pero no voy a luchar con el cocodrilo de Tarzán..., De Mariquita Pérez (que da un miedo, está como bizca y poseída), una en la que te puedes hacer una casa de campo, para que te creas Norman Foster.
Lo que pensé es que debería haber colecciones a gusto del consumidor: yo pediría montar en tú propia casa a Brad Pitt. Una semana la oreja, otra la boca (ummmmm), otra el pelucón,(que me los envuelve en un papel marrón que parece cuarto de mortadela) y así dejando para la última entrega la parte más interesante:el pene. Y tú hasta la azotea de gastar Imedio pegando al tío, y por fin llega el buen día y tú madrugas y bajas a la tienda-quiosco-ultramarinos y preguntas: "Manolo, ¿tienes el pene?. "Uy hija, había mucha demanda y los vendí todos". "Pero si sin las 9 de la mañana?" "Yo si quieres te pido uno a la casa pero no te aseguro nada". "Pídemelo y te llamo en una semana".
Y te vas para tú casa triste claro porque ves a tú clon del Sr Pitt sin "pitt", y piensas que no lo vas a poder enseñar a las amigas, y le tapas el boquete con un pantalón que encuentras por casa.
En fin, que si la mezcla de Lexatín y Tranquimacín me dejan, la semana que viene tengo aquí mi instrumento y si no hago la colección de los dientes de Massiel que también debe de estar bien.